Título: Donald Trump, Cuba, Venezuela y la democracia. Por: Carlos Michael Morales Rodríguez

 

El próximo 20 Enero  comenzará su gestión en el gobierno de los EE.UU el presidente

 

electoglobos-de-oro-2017-2301777w620 Donald Trump.       El  nuevo mandatario republicano llega a  la presidencia en un contexto internacional que pudiera definirse cómo histórico, algo similar a lo que le aconteció al ex presidente fallecido Ronald Reagan.

Reagan gobernaba a la nación más importante del mundo en medio del proceso de Perestroika que gestaba en la extinta Unión Soviética y del accionar del sindicato Solidaridad de Polonia con sus masivas masivas manifestaciones que removían los cimientos del régimen estalinista.

Debido a la política interna245px-official_portrait_of_president_reagan_1981cional que empleó, tras el derrumbe del Muro de Berlín, ha sido catalogado como unos de los artífices del colapso del campo estalinista de Europa de Este, junto al Papa Juan Pablo II y a la Mandataria Margaret Thatcher.

Trump, quien es catalogado como un presidente totalmente inexperto en materia de política, inicia su mandato en un contexto latinoamericano donde las dos dictaduras de la región comienzan a evidenciar su fin. En Venezuela el descontento popular alcanza niveles muy elevados y todo parece indicar que el dictador sudamericano más temprano que tarde saltará del poder.

En Cuba, donde ha permanecido la dictadura más longeva y represiva del hemisferio occidental, Trump recibe la misma con su máximo líder  fallecido, dirigida por un Raúl Castro ya octogenario y donde en poco más de un año entregará el mando. Ante este contexto  la nomenclatura en el poder pretende darle continuidad a la dictadura mediante  unas falsas elecciones dentro del Partido Comunista y donde se le debe traspasar el poder a alguien de la dinastía de los Castro.

Si el régimen chavista llegara a colapsar como todo parece indicar la dictadura cubana quedará en una situación aún más frágil debido a la dependencia que la Habana tiene de Caracas.

En medio de este escenario latinoamericano es el deber de los EE.UU seguir a sus principios como nación y hacer todo lo posible porque la democracia nuevamente sea restaurada en nuestro continente, por lo que Trump debe de ser artífice de este hecho histórico.

En el caso Venezolano el gobernante Maduro ha radicalizado su discurso, suplantado los poderes y gobierna por decreto, todo parece indicar que el no estará dispuesto a entregar el poder mediantes vías pacífica. Ante esta postura Donald Trump tendrá que adoptar una política fuerte en contra del chavismo venezolano y tratar de convencer a los gobiernos democráticos de la región de que es hora de trabajar en conjunto  para presionar al régimen de Venezuela y  estos se pongan del lado del pueblo bolivariano y sus aspiraciones de restablecer la democracia.

En este sentido el mandatario estadounidense tendrá un difícil reto debido a la hipocresía y doble racero que siempre ha caracterizado a la política internacional latinoamericana.

Con relación a Cuba el presidente republicano tiene dos alternativas, la primera es mantener la misma política de su antecesor Barack Obama con su estrategia de acercamiento, brindándole legitimidad al régimen y otorgándoles concesiones unilaterales.

Y la otra es mantener una política de mano fuerte ante el régimen castrista en la que no se debe otorgar ningún beneficio sin que este dé pasos positivos en pos de los verdaderos cambios que beneficien al pueblo cubano. Estas tácticas deben exigir al régimen el fin de la represión contra la oposición pacífica y el pueblo en general, la liberación de los presos políticos y que se comience a devolverles a los nacionales sus libertades políticas y económicas.

Las nuevas políticas de La Casa Blanca y la legitimidad que  varias democracias de la Unión Europea le han brindado al régimen cubano han traído como consecuencias que se  ha intensificado de forma alarmante la represión contra las Damas de Blanco y la oposición pacífica en general. También se ha llevado a las cárceles a decenas de activista pro democracia, incluyendo a todos los encarcelados tras la muerte del dictador Fidel Castro, y por ende ha aumentado el número de presos políticos.

Ante este accionar de la dictadura cubana al presidente Trump no le debe temblar la mano  para   adoptar una política de postura fuerte contar el régimen. El mandatario estadounidense debe presionar  a este, aprovechando la fragilidad en que se   encuentra el mismo y así lograr la democratización de nuestro país.

En fin que Donald Trump puede pasar a la historia como el único presidente que ha logrado un continente Americano   plenamente democrático. Para ello debe adoptar políticas coherentes con la realidad latinoamericana y cubana, y demostrarles a todos aquellos que dudan de su capacidad política, que están   equivocados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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